"Con la esperanza tal vez ilusoria, de poder
seguir siéndole útil al país
a los escritores, traductores, a los artistas
pues han tenido tanta importancia en mi vida,
resolví donar o legar mis dos quintas (en
San Isidro y Mar del Plata) a la UNESCO. Esto
lo llevé a cabo después de examinar
el pro y el contra de darles otro destino, en
otras instituciones. El carácter internacional
de la UNESCO (aunque también ofrecia algunos
inconvenientes para mi plan) me pareció
lo más adecuado a mi manera de encarar
las cosas de las letras (por ejemplo) y mi deseo
de continuar prestándoles ayuda a mis compatriotas,
como creo haberlo hecho, dentro de mis posibilidades
y criterio, durante toda mi existencia.
De estas casas donde he vivido han sido huéspedes
o continuos visitantes los más ilustres
escritores de mi época, tanto los extranjeros
que nos visitaban (por invitación mía,
a veces), como los de esta tierra. He deseado
que se conocieran unos a otros, he contribuído
a estos encuentros y es lo que hubiese deseado
prolongar. Digo que lo hubiese deseado, porque
cuando yo desaparezca, no sé en qué
forma interpretarán este proyecto mío
quienes dispongan del destino de estas propiedades."
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