Por Ivonne Bordelois

La Revista Sur, compañera de la Editorial Sur, fue testigo y escenario privilegiado entre 1933 y 1971 (fecha en la que dejó de publicarse regularmente) de los avatares intelectuales más notables del siglo XX y permanece como un ilustre ejemplo de la esperanza y la visión denodada de una criolla de talento y olfato portentoso que supo detectar y plasmar algunas de las corrientes y las preguntas más significativas de su tiempo.

Ayudada por un equipo de literatos que ella supo elegir entre muchos desconocidos, Victoria Ocampo desplegó a Sur como una aventura del pensamiento liberal en épocas tempestuosas que precedieron y siguieron a la segunda guerra mundial. Contrariamente a una falsa tradición que la rodea, no sólo fue la generosa anfitriona y traductora del pensamiento europeo y norteamericano en la Argentina, sino una potente emisaria de las letras argentinas y latinoamericanas en un mundo que ya era global mucho antes de su catalogación bajo este nombre.

Sur fue, ante todo, un lugar de encuentro internacional y un foro de escrituras y lecturas de excelente nivel, destinadas a descifrar “el aire de los tiempos.” Desde Rabindranath Tagore a André Malraux, desde Graham Greene a André Gide pasando por Aldous Huxley, desde Jules Supervielle a Alfonso Reyes pasando por Dylan Thomas, toda una constelación de nombres imprescindibles ilumina las páginas de la revista, excepcionalmente longeva. Es con todo fundamento y justicia que Gabriela Mistral le escribe a Victoria: “Ud. ha cambiado la dirección de lectura de varios países en Sudamérica”.

Aún cuando la labor de Sur ha sido y es representada a veces, erróneamente, como "una empresa de traducción", no cabe olvidar, por ejemplo, que la mayor parte de los cuentos de Ficciones, de Borges, aparecieron primero en Sur —ciertamente, no como traducciones. No solamente Borges, sino Paz, Lorca, Alberti, Mistral, Neruda, Cortázar escriben en Sur— nombres que, por cierto, no se reunían frecuentemente en otras publicaciones de la época. Sur no fue solamente receptor: fue emisor, del mismo modo que Victoria no fue solo lectora y escuchante, sino hablante y escritora.

Otro prejuicio corriente presenta a Sur como la fácil tribuna oficial de los valores ya establecidos, contra toda evidencia. Cuando llegan a Sur, Sábato y Bianco son dos desconocidos; lo mismo cabe decir de Murena y Pezzoni; Borges, exagerando, dice que él mismo lo era; pero lo irrefutable es que si el nombre de Borges llega a la arena internacional es por intermedio de Caillois y Drieu La Rochelle, ambos colaboradores de Sur y amigos de Victoria, que dan a conocer a Borges en Francia. Lo mismo ocurre con escritores de otras procedencias: Michaux prácticamente no existía cuando Victoria lo publica en Sur; el mismo Caillois era uno de los tantos jóvenes brillantes de París cuando Victoria lo conoce y al cabo de muchos años hace de él el editor cuyos libros serán lanzados por los aviones de la liberación en territorio francés, al final de la Segunda Guerra Mundial.

La verdad es que Sur nació tambaleante, entre el escepticismo de los escritores que la rodeaban, sin adherir totalmente a su riesgosa empresa. Fue sólo cuando el barco empezó a navegar airosamente, habiendo sorteado toda clase de escollos y cosechado inesperados aplausos desde los horizontes más diversos y prestigiosos, cuando la aventura se convirtió en fervoroso proyecto: los más reticentes saltaron ágilmente a cubierta y se incorporaron a la estela rutilante del éxito nacional e internacional duramente sembrado y cosechado por Victoria. Con razón pudo decir Octavio Paz que Sur representó la libertad de la literatura frente al poder.

Sin embargo, la estela de Sur persiste justificadamente en nuestros días, como una parte de su irrenunciable testamento. Es una puerta única, entreabierta a las riquezas y contradicciones del siglo XX, y una clave cierta para “inscribir nuestro enigma en el universo y entrar en comunicación con él". Ojalá que sea también una clave preciosa que ayude a descifrar el enigma Victoria Ocampo —como lo dijo Paz, no una figura mitológica sino una mujer dotada de generosidad, cólera e imaginación— y a prolongar su misteriosa energía por el universo.

(Varios títulos de la revista y editorial Sur están disponibles en la tienda de Villa Ocampo)

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