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Vittorio De Sica,
Jean Renoir, Lawrence Olivier, Luchino Visconti,
enloquecían a Victoria. Adoraba las películas
donde la ternura y el humor corrían juntos,
esas que le permitían a uno “derramar
en el cine las lágrimas, que hemos logrado
tragarnos en la vida real”. Cada vez que Victoria
iba a Nueva York se la pasaba en el cine. Lina Wertmüller
—de quien lamentaba: “No se enternece.
Esa fuerza es su falla”, pero a la que también
le reconocía su humor agudo— la fascinaba.
Le encantaba Danny Kaye, pero cuando una película
no le gustaba, se levantaba a la media hora, acaso
para meterse en otro cine.
En su primer viaje a los Estados Unidos en 1930
Victoria conoció a un joven director y quedó
atrapada por sus películas. Era el soviético
Sergei Eisenstein, quien se convertiría con
el tiempo en uno de los cineastas más geniales
de la historia. Victoria debe haber presentido su
talento y lo alentó para que visitara Buenos
Aires y filmara allá una película.
Pero a pesar de su entusiasmo Victoria no logró
convencer a los funcionarios argentinos de que le
facilitaran la financiación necesaria y Eisenstein,
animado por el novelista Upton Sinclair, se fue
a México a filmar de ¡Que viva México!
Desde Sur, y alentada por Jorge Luis Borges,
Victoria daría lugar a reseñas de
películas cuando aún el cine no había
adquirido el status y el prestigio que después
llegaría a tener. Alfonso Reyes, Borges,
María Luisa Bombal, Luis Saslavsky comentaban
en sus páginas las películas de Chaplin,
King Vidor y Hitchcock. “En Sur funciona un
corrimiento desde las anécdotas sobre las
stars en dirección a los análisis
técnicos”, explica David Viñas.
Victoria misma escribió en el número
37 de Sur celebrando la apertura de un
nuevo cine en la ciudad y —con su ojo estético—
no puede evitar elogiar la sobria y transparente
arquitectura de la flamante sala: era el cine Rex.
Hacia 1953 hizo un nuevo intento: quería
elevar el cine argentino al nivel internacional.
Esta vez quiso traer a Vittorio De Sica —Milagro
en Milán y Ladrón de bicicletas
la habían impresionado—, pero el presidente
de la Comisión de Cultura, cuenta M. E. Vázquez,
le dijo a Victoria que “había encontrado
execrable la película Humberto D”.
Y todo quedó en la nada.
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