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Hacia 1930 Victoria conoció por intermedio de Waldo Frank a Eduardo Mallea, por entonces un colaborador del diario La Nación y traductor de la obra de Frank al español. Mallea, que con el tiempo se convertiría en el jefe de redacción de Sur, en el presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) y en el representante de la Argentina en la Oficina Europea de las Naciones Unidas como delegado ministro plenipotenciario.
Acusado de excesivamente "europeísta", Mallea se interesó más bien por la investigación de esa realidad compleja y multiforme, hecha de razas e influencias, que se esconde bajo la aparente uniformidad argentina. Como escribió Newton Freitas en Ensayos Americanos, "Mallea es por esto mismo, el más representativo de los intelectuales argentinos de la generación actual. El que mejor resume los faustos, las grandezas, las pequeñas incoherencias sociales de la formación del país... [Es] fundamentalmente argentino pese a su bagaje universalista".

En Testimonios sobre Victoria Ocampo, Mallea escribió: “el primero de los atributos constantes de Victoria es la autenticidad”.