“Solo se conocen íntimamente y en todos sus rincones las casas en que ha vivido nuestra infancia”, escribió Victoria Ocampo en 1934 en Sur. Había crecido rodeada por el mobiliario de Villa Ocampo, inmersa en esa delicada fusión entre objetos antiguos, victorianos y modernos que da a los espacios interiores un aire de elegancia clásica. Entre los tesoros de Villa Ocampo se destacan dos armarios chinos del siglo XVIII, de laca y herrajes de bronce, adquiridos en la casa de Mme. Langweil en 1913 en París, un espejo estilo Luis XV, una alfombra persa y una mesa de comedor de roble tallado de principios del siglo XX. En uno de los cuartos que da al jardín se encuentra el mítico piano de media cola y caoba Steinwey & Sons, en el que tocaron Igor Stravinsky, Ernest Ansermet, Federico García Lorca, Arthur Rubinstein y Jane Bathori. Una jarra de cerámica esmaltada de J. Vieillard & Co. Potterie Porcelaine estilo directorio y unos bowls de jade esculpido en forma de cuenco son algunos de los objetos más singulares de la casa. Muebles y objetos que hablan de una mujer que supo ver entre el siglo XIX y el XX, no un choque estético, sino la posibilidad de elaborar una síntesis que resistiera el paso del tiempo y donde el mestizaje de ambas culturas fuera más potente que la pureza europea o nacional por sí solas.