REMODELACION
DE LA CASONA DE LA ESCRITORA, EN BECCAR
Villa Ocampo: restauran el jardín
después de 25 años
Lo están limpiando. Y lo reconstruirán
como era originalmente. El público podrá
visitarlo.
Javier Drovetto.
jdrovetto@clarin.com
Victoria Ocampo recorría el parque casi
todos los días de primavera. Caminaba hasta
el paraíso que había hecho plantar
a un costado de la casa. Se detenía debajo
de la copa y juntaba un puñado de las flores
violetas que daba el árbol. Con ellas armaba
ramos que usaba para darles color a sus vestidos
y sombreros. Ese hábito pinta la íntima
relación que la escritora tuvo con su jardín
preferido, el de Villa Ocampo, en Beccar.
Hoy sería imposible ver ese paraíso.
Luego de que la UNESCO tomó posesión
de la casa tras la muerte de Victoria, en 1979
y seis años después de que la escritora
se la había donado, alguien ordenó
sacar ese ejemplar y el tilo que se imponía
al norte de la casona, entre otras especies. El
sendero barranca abajo está cubierto de
pastizales, la Venus de mármol casi no
tiene brillo y todo el jardín posee un
aspecto ruin. Como sucedió con la vieja
mansión, la 1,1 hectárea de verde
que la rodea fue abandonada. Pero ahora, la UNESCO
decidió finalmente recuperar íntegramente
el jardín, acompañando así
la restauración que se está haciendo
de la casa (ver La mansión...).
El mirador, la fuente y los paradores lucirán
tal como estaban cuando Victoria era la señora
de la casa, desde 1940 y hasta su muerte. "La
gente podrá visitar el parque y conocer
el valor que ella les daba a algunas especies",
explicó Nicolás Helft, director
del proyecto Villa Ocampo.
A fines de marzo comenzó el plan. Diez
obreros de la de la Municipalidad de San Isidro
—que prometió colaborar con el proyecto—
están desmalezando y sacando basura. "Quitaremos
los yuyos, pastizales y una invasión de
cañas tacuaras", adelantó Alberto
Theler, de la Dirección de Parques y Paseos
comunal.
Esta etapa durará hasta mayo y dejará
el camino limpio para que comience el trabajo
más fino, que recaerá en el estudio
Thays, en manos de Carlos Thays, bisnieto del
célebre paisajista de igual nombre que
ideó el Jardín Botánico.
Los especialistas investigarán qué
árbol, arbusto o flor creció de
manera natural luego de que Victoria dejó
la lujosa casa. "Lo que haya surgido salvajemente,
y no porque ella lo deseó, será
quitado. Luego, con fotos antiguas y testimonios
de gente que conoció la mansión
en aquella época, reproduciremos varios
sectores, como el mirador que da al río",
describió el agrónomo Carlos Thays,
que trabajará junto al arquitecto Jorge
Baya Casal y la paisajista Fernanda Miranda, por
ahora por un honorario simbólico de unos
400 pesos al mes.
Quienes conocieron de cerca a la fundadora de
la revista Sur aseguran que la relación
que mantenía con el parque era especial.
"Amaba la naturaleza, le gustaban las flores,
las frutas, los árboles. Ella vivía
y se guiaba mucho por su olfato", contó
Ivonne Bordelois, de la Fundación Sur.
Con esta descripción se entiende por qué
abundan en el jardín los azareros, los
gonkgos o las magnolias. Todos de perfume sobresaliente.
Hace cuatro años, la agrupación
de Guías de San Isidro organizaba visitas
al lugar. "Pero las suspendimos porque el
jardín estaba boscoso", reconoció
la guía Ivonne Rousset. Luego de estas
obras, el parque podrá volver a ser revelado
a la gente.
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