Villa
Ocampo encuentra su destino
A un año y medio de asumir como
director de Villa Ocampo, designado por la Unesco,
Nicolás Helft tiene razones para celebrar.
Las obras de restauración de la casa marchan
viento en popa y ha logrado reunir un equipo de
colaboradores que admite sin exagerar la calificación
de dream team: Marcelo Nougués, arquitecto
y decorador, dará el tono y el estilo de
la nueva cafetería; Fabio Grementieri y
Sonia Berjman asesoran en aspectos históricos,
patrimoniales y paisajísticos; Ana Ricciardi
es una especialista en jardines que trabajará
in situ con Eduardo Ottaviani; Miriam De Ridder,
decoradora e impulsora de la Asociación
de Amigos del Teatro San Martín, tiene
a su cargo la restauración de los muebles
y el "control de calidad" de terminaciones
y detalles; Esmeralda Almonacid, ahijada de Victoria,
que visitó Villa Ocampo por primera vez
en 1930, es y será el referente ineludible
de la familia, el testigo de un tiempo, además
de conocer mejor que nadie de ambientación
y producción, según lo demostró
su colaboración con la cineasta María
Luisa Bemberg.
Todos están dispuestos a trabajar contra
reloj para que a partir de marzo, y progresivamente,
pueda visitarse la villa que balconea frente al
río, por donde caminaron Malraux, Stravinski,
Graham Greene, Borges, Camus, lugar de encuentro
de culturas que espera desde hace treinta años
su destino.
En 2003 se quemaron los techos -reparados con
el apoyo de la aseguradora Zürich- y en el
camino de estos años se perdieron ejemplares
únicos de la biblioteca de la escritora.
Pero esa es historia del pasado. Marcelo Nougués
da los últimos toques al proyecto de un
café inspirado en la secesión vienesa,
un 1900 aggiornado. El café será
la excusa para la pausa luego de la visita a la
casa que mejor representa el estilo de la madurez
de Victoria. Ecléctico, victoriano y moderno,
con toques de audacia, como la decisión
de pintar de blanco la boisserie de madera oscura,
algo impensado en esa época. El jardín,
admite Nicolás Helft, es parte "clave"
de la casa. Los ejemplares espléndidos
son mojones de historia; por ejemplo, el eucalipto,
donde se fotografió Borges, era un regalo
de Sarmiento; los ombués, los ginko bilova
y, esa combinación de jardín francés
en el frente y, hacia el Norte, inglés
(influencia de Virginia Woolf), umbroso, intimista,
perfumado de olor a jazmín. Victoria también
era ecléctica. En la juventud tuvo el desplante
racionalista de sus casas de Mar del Plata y de
Rufino de Elizalde (hoy propiedad del Fondo de
las Artes) y terminó sus días en
una villa franco victoriana, con deck de madera
en los baños y color italianizante en las
fachadas. Con la colaboración de la intendencia
de San Isidro y la mirada atenta del consejo asesor
que integran María Esther Vázquez,
Juan Javier Negri, Luis Parenti y Mario Barbosa,
por la Unesco, Villa Ocampo está mucho
más cerca de cumplir el sueño de
Victoria.
A modo de lanzamiento internacional, el 1°
de febrero quedará inaugurada en la Maison
d´Amerique latin, en París, la muestra
Victoria Ocampo, los orígenes de Sur, con
cartas inéditas que escribió desde
París, Berlín y Nueva York, en 1930,
cuando conoció a Lacan, a Coco Chanel,
a Drieu La Rochelle y a Waldo Frank. Allí
nació la idea de Sur.
En París se hará oficial la nueva
Villa Ocampo. Sentados en la misma mesa debatirán
argentinos y franceses: Silvia Baron Supervielle,
Jacques Rigaud, Edgardo Cozarinsky, Odile Felquine,
Michel Lafon, Axel Gasquet y, lógicamente,
Nicolás Helft. A Victoria le hubiera gustado;
el lugar y la oportunidad.
Por Alicia de Arteaga
aarteaga@lanacion.com.ar
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